jueves, 18 de agosto de 2016

Una pizca de sal puede hacer mucho...

Jesús dijo  que los creyentes somos la sal de la tierra,  aquellos que preservan el bien, la rectitud y la justicia.  Aunque no estamos excentos de los  efectos  de la maldad, tampoco aportamos a ella, si no que en todos los rincones y a  donde nos  lleve la gracia del Señor  estamos llamados a dar sabor de Cristo en  una sociedad invadida por el mal (Mt. 5:13).

       Amados hermanos doy  gracias  a Dios  por que se encuentren plenos en Cristo Jesús.

Es  agradable, grato y maravilloso  estar en casa,  de nuevo en la comunidad, no sé cómo encajar  las palabras para expresarles lo feliz que me siento al estar de nuevo  con los Cubeos después de ocho meses.   Fue un poco extenuante, sin embargo estoy agradecida con el Señor  por las oraciones de todos ustedes, 

   Dios fue propicio para todas mis necesidades físicas y espirituales al estar en Bogotá.
Realmente estábamos teniendo dificultades como equipo y fue necesario  hacer una pausa para asistirnos; las cosas están mucho mejor que antes y nuevamente confiando en el Señor; hermanos “la fe nunca sabe  a dónde la llevan, pero conoce y ama a quien la conduce.” (Oswald Chambers)   Seguimos en la tarea y con esperanzas de  honrar siempre al Señor.  La asistencia que nos dieron como equipo fue especial y oportuna, en todo este tiempo tuve la oportunidad de compartir con otras iglesias  la cual me trataron muy bien y  agradezco a los pastores del Pacto en Bogotá por su acogida y respaldo. Por el acompañamiento de mi pastor Jorge Gonzalez  y a la junta de Nuevos Horizontes, amigos y hermanos que nos respaldaron en oración y estuvieron pendientes.    


    Además pude compartir y hacer nuevos  amigos, y tener la oportunidad hacer y  afirmar buenas relaciones con algunos compañeros del campo que se encontraban en ese momento; pude estudiar administración de medicamentos. En fin, fue un buen tiempo.

     El 17 de Julio llegamos a Mitú, hoy me encuentro en la comunidad de los Cubeos con el afecto abrazador de los niños y de toda su gente, que no alcanzan a comprender cuán valiosa es su influencia en mi vida,    ellos me animan  y me alientan  para continuar la tarea.

     Estamos bien tratando de ajustarnos nuevamente, los niños por estos días no dejan nuestra casa, eso es por causa de los dulces  y los juguetes  que algunos hermanos ofrendaron.
Hermanos es todo por ahora, ruego que aún nos recuerden en sus oraciones.


Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo. (Ro.15:13)


Con aprecio Yokima

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